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Edición Nº 76 12 de octubre
 

Hola a todos:

Después de una semana en New York, un aterrizaje forzoso en el pago chico, muy chico, de los K. y su billetera y de una Argentina cada vez más ainstitucional y, a pesar del espejismo de mercados buscando rentabilidades extraordinarias, cada vez más aislada del verdadero juego de la inversión.

Saludos

Enrique

 

 

En Perfil del domingo pasado, Juan José Campanella contestó mi columna del
domingo 27 de septiembre en ese mismo espacio. A decir verdad, Campanella no
contestó mi nota, sino que se dedicó a acumular insultos contra mi persona.
Sin embargo, sus escasos argumentos, me sirven para ampliarle al amable lector
y a la gentil lectora, los míos propios en torno al tema bajo discusión.

Antes, una reiterada aclaración. Como mencioné en mi nota original, admiro el
trabajo de Campanella y considero a su película, “El secreto de sus ojos” una
obra extraordinaria.

Paso al tema de fondo. Mi nota marcaba la paradoja de que fuera, precisamente,
Campanella, el ejemplo más claro de que la calidad y el talento no necesitan
“cuotas de mercado”, ni obligación de difundir programación local, ni derechos
de antena, ni nada similar, un defensor tan ferviente de estos elementos que
contiene la nueva ley de medios. El argumento de este director, es que su
película es un éxito gracias al esfuerzo promocional de TELEFE y que, pese a
superar 1600000 espectadores, pierde plata. Justamente, mi nota argumentaba
que si había que destinar fondos o espacios públicos para promover el cine
nacional, que ese dinero se destinara a marketing y publicidad, que parecen
ser los rubros más costosos para la difusión de la existencia de una obra de
arte local, en lugar de subsidiar de forma opaca y discrecional, la producción
de películas y que, en todo caso, la radio y televisión del Estado (no del
gobierno de turno), podía apoyar esa difusión en forma eficiente.

Además, llamó mi atención del argumento de Campanella el hecho de que pese al
éxito extraordinario de su película, “pierde plata”. Veamos, entonces, los
números. De cada entrada de cine vendida en las salas argentinas, al
realizador le quedan algo más de 5 pesos. De manera que 1600000 espectadores a
5 pesos (son casi 5, 50 pero sólo para redondear), resultan en 8 millones de
pesos. El costo de producción de una película argentina similar, en cuanto a
despliegue de producción, el año pasado, fue de alrededor de 3 millones de
pesos. El INDEC del Kirchner que defiende Campanella dice que la inflación fue
de, apenas, 7% en el período, pero como para nuestras estimaciones superó el
20% voy a usar ese número, redondeando en 4 millones el costo de producción.
Pero claro, conseguir actores de calidad y que lleven público a las salas
implica pagar otros honorarios. Considerando todo esto, nuestros cálculos
generosos indican que la película de Campanella costó 8 millones de pesos (el
doble que una película argentina del mismo esfuerzo de producción). A esto hay
que sumarle los costos de lanzamiento, el convenio con Telefé, la comisión del
distribuidor, lo que lleva el costo total a unos 12 millones de pesos.
Obviamente, si costó 12 millones y recaudó 8, Campanella pierde plata. En
otras palabras, una película argentina con 40% de mercado en las boleterías
(un éxito inigualable) no es rentable.

Pero Campanella “olvida” un pequeño detalle, el subsidio que financiamos
nosotros que, en su caso, alcanza, casi con seguridad, a 3500000 pesos, el
máximo, si no han cambiado los datos en estos meses. Es decir que, con el
subsidio incluido, estaría casi “empatando”. A esto hay que sumarle las ventas
de DVD (unos 15 pesos por cada uno), los auspicios, ventas no tradicionales y
las ventas de la película en el exterior. Dicho sea de paso, su película ya
recaudó 1700000 euros en España. De manera que, a menos que sus costos de
producción sean muy superiores, o tenga muy malos administradores, Campanella
ganó dinero con su película. Y a mí me parece muy bien. Y hasta me parece bien
el subsidio público, si se da en forma transparente y por medio de un jurado
imparcial y designado por concurso. Ahora, ¿Por qué le parece mal a Campanella
reconocer que hace un buen negocio con su talento y el subsidio estatal? ¿Por
qué nos miente?.

Pero el punto central aquí es que, si la Argentina no tiene escala como para
que una película superexitosa gane plata, menos la tiene para que en lugar de
multimedios y telefónicas y proveedores de cable, etc. en competencia y con
buen control regulatorio, tengamos pequeños emisores locales tratando de
sobrevivir.

En ese mercado atomizado y sin escala que está creando la flamante
ley, la dependencia de la publicidad oficial, de los subsidios opacos del
Estado (gobierno), el control de los contenidos que le convenga al que
administra los fondos públicos –salvo los que circulen libremente por las
nuevas tecnologías- será cada vez mayor y cada vez menos democrático. Lo
contrario de lo que se sostiene. Como en todo, también en cultura, producir
calidad es costoso y la escala argentina obliga a organizaciones grandes con
múltiples productos, con buena regulación.

De lo contrario, insisto, lo que se está creando es un conjunto de medios
menores dependientes del gobierno de turno, conviviendo con algunos monstruos
descontrolados que seguirán negociando con dichos gobiernos. Ese es el
verdadero secreto, de Campanella, y, sobre todo, de Kirchner.

 

 
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Enrique Szewach
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